No es sorpresa porque en este país
ya sabemos cómo nos la gastamos con la aplicación de la ley y el reparto de la
justicia, o como la define mi amigo Paco Portal, la injusticia. El vaso de la
sorpresa hace tiempo que ya no rebosa porque ya nos la han hecho tragar de un
sorbo y no hay suceso, por muy espeluznante que sea, ni caso de corrupción que
sea capaza de sobresaltarla. Pero todavía nos queda algo de orgullo e
indignación. Sí, sobre todo indignación. En este país puedes equivocarte en la
confección de la declaración de la renta y enseguida tienes a dos inspectores
de la hacienda pública poco menos que amenazándote con una lapidación
gubernamental; o puedes tener una discusión con un guardia municipal y terminas
en la comandancia esposado y con cargos que pueden suponer, en caso de
prosperar la denuncia de atentado a la autoridad, con tus huesos en la cárcel. Ahora,
que te llevas millón y medio de euros del erario público, que además debiera
haber sido destinado al pago de pensiones, te lo gastas en muchachas y cocaína,
y no pasa nada; que desvalijas las arcas municipales del pueblo para beneficio
propio y de tus amiguetes, y no pasa nada; que atracan a un ciudadano que está
sacando dinero de un cajero, y resulta que el individuo en cuestión tiene
cincuenta detenciones por delitos similares o mayores, no pasa nada. Este es el
país del grito de un extranjero -¡Viva España!- que al ser detenido e
identificado por la policía nacional, tras la comisión de un delito, se
certifica que tiene en su haber otras setenta y dos más, fue puesto en libertad
sin más. ¡Viva España! Esta tierra donde violar y asesinar premeditadamente,
donde esconder el cuerpo del delito, para evitar la consumación de una merecida
pena, y no revelarlo puede resultar gratis, donde hay otros “ciudadanos” que
crean clubes de fans con los asesinos y encubridores de Marta del Castillo y no
sucede nada.
Es la indignación popular, el clamor
de la calle la única que se manifiesta, la única que es capaz de criminalizar,
por lo visto, a estos individuos. Es la injusticia cometida sobre la familia la
que ha elevado veredicto de culpabilidad contra padres-vamos a quién se le ocurre traer una niña al mundo criarla y quererla... ¡es que no sabemos más que provocar!- y familiares de Marta y
la que ha puesto en la calle a esta banda de asesinos, que mucho me temo, serán
capaces de pedir hasta indemnizaciones por los meses en los que se “les ha
privado” de libertad, si no al tiempo.
Esta ley del silencio es la misma
que cauteriza la razón y la convierte en barbarie. ¡Qué bien les ha salido la
jugada! Claro que si la razón no se viera relegada por la inequidad de la
aplicación de la ley, de este código español que viene siempre a beneficiar al
infractor, que es capaz de eludir sus responsabilidades a muy poco que se lo
propongan, otro gallo cantaría y no se vanagloriaría el nombre de España, no se
vilipendiaría su historia y la grandeza de sus pueblos. La libertad no era esto,
la permisividad para cometer delitos y que quedaran impunes, que los asesinos
puedan disfrutar y beneficiarse de los mismos servicios que la sociedad ofrece
a la gran mayoría de los ciudadanos que cumplen con sus obligaciones fiscales y
ejercen la libertad como es debido, con respeto a la vida e ideas de los demás.
De esta manera están equiparándonos a los maleantes y asesinos que andan por nuestros
pueblos y ciudades impunemente, riéndose de todos nosotros. Dejándoles en libertad
a culpables sólo consiguen que se instaure, con el tiempo podemos verlo, la ley
del talión. ¿Qué puede suceder, si un por un casual, un mal día se cruzan en la
calle alguno de los encubridores y asesinos de Marta con sus padres? ¿De quién
será la culpa, si por otro casual, Dios no lo quiera, ocurre una desgracia? ¿Se
juzgará de la misma manera al padre, tío o abuelo, se aplicarán los atenuantes
de perdida transitoria de razón o se cebará la justicia y dará público
escarmiento a las hoy víctimas?
Qué lástima de país, qué pena,
penita pena, tener que ser la vergüenza de Europa, del mundo entero, porque
hasta en los países más pequeños se aplica la ley con la justicia debida a
quienes las incumplen. En ninguna jurisdicción de la comunidad económica europea
se observan y se administran medidas condenatorias como las aplicadas ayer
contra los asesinos y encubridores de Marta del Castillo, que por otro lado son
las que se vienen ejecutando con todo tipo de asesinos, violadores, estafadores
y corrupción política. Por eso somos el hazmerreir y el culo de Europa.
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