Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra

martes, 23 de julio de 2013

Ha nacido un heredero

           
 Ha tenido usted un heredero, le habrá comunicado la matrona a Guillermo, ese niño que vivió el drama de la orfandad de la madre, a la que también le dirían lo mismo. Un heredero. Lo que son las cosas. En ese mismo instante habrán nacido millones de niños en todo el mundo y cada uno de ellos ya está signado con una suerte. A éste le ha tocado la lotería. Si la cigüeña hubiera volado dos metros más o un kilómetro menos, tal vez el heredero hubiera servido a la tierra sembrando coles o conduciría un autobús escolar; y el vuelo despistado hubiera llegado a las áridas tierras africanas y hubiera visto su primera luz en el Chad o en las zonas más deprimidas de la India, tal vez hubiera sido portada de un periódico porque un reportero captó su imagen desnutrida, su aspecto famélico, muriéndose de hambre mientras las moscas lo pican y un buitre espera paciente a que caiga. Pero no. Este niño ha nacido en un buen hospital de Londres, rodeado de los mejores galenos y las técnicas paritorias más modernas.
            Gente que ha dormido a la puerta del centro sanitario. Ciudadanos que han esperado, con paciencia y resignación, el conocimiento de la feliz noticia. Es bonito un alumbramiento, esta alegría de la vida manifestándose en sus ojos, aún sin poder reconocer cuánta belleza le rodea. Una multitud congregada a la puerta del hospital que ha vitoreado la noticia, vociferada por un relator, ataviado con las galas decimonónicas que rigen todavía el protocolo de la casa real británica. Salvas anunciando el feliz acontecimiento, honores en la puerta del palacio de Buckingham, y la muchedumbre dando vítores y exaltando alegrías por el nacimiento del heredero y sacando fotos de un trípode con un cartelito donde se anuncia, escuetamente y con escritura manual, el feliz alumbramiento. La casa real británica sigue siendo, para el pueblo inglés, un referente dogmático, un estamento que les profiere el mayor y mejor de los respetos. La figura del rey, en este caso de la reina Isabel II, es poco menos que intocable y fideliza la tradición monárquica de siglos. En todas las ciudades del reino se felicitan por la continuidad y el asentamiento de la monarquía. En las esquinas de los pueblos, esas bellas, frondosas y verdes villas que parecen extraídas de las novelas Charlotte Brontë o Jane Austen, se ondean banderas y se entona el Dios Salve a la Reina, con solemnidad y emoción. Es el sentido de la patria y la unidad que parece empezar a disolverse en otros lugares del mundo.
            Aquí en España seguimos confundidos, extraviados en pensamientos independentistas, quemando banderas de la nación y silbando cuando se entona el himno. Esa es la diferencia, extraordinaria y mayestática, que aleja de la modernidad y el progreso a este país. Las viejas ideas de fragmentación del territorio nacional. Mientras que en el norte de Europa, no sólo no se revienta la unidad, sino que se favorece la unión –miren el ejemplo de Alemania- para poder salir adelante, para engrandecer a quienes viven, hablan, siente y padecen, en unos mismos límites territoriales, en nuestro país se fomenta la desunión, se acrecienta y beneficia el rencor entre los diferentes pueblos, intentando vendernos las diferencias entre sus ciudadanos.
            No estoy yo por ésto de las desigualdades clasistas. Muy al contrario. A veces me cuesta mucho comprender porque el mero hecho de nacer en una familia u otra, en una región u otra, condiciona la vida de las personas. No logró todavía entender estas divergencias. Serán cosas de las malas voluntades de algunos hombres. Pero esas exclamaciones de alegría, esas manifestaciones festivas por el nacimiento del heredero a la corona inglesa, no es más que el refrendo a siglos de patriotismo, a cientos de años de avances. ¿Han dejado los ingleses atrás el progreso y el bienestar por adorar su bandera y entonar su himno con orgullo? ¿Han perdido sus señas de identidad los escoceses, los galeses o incluso los irlandeses del norte? Tienen hasta sus propias selecciones nacionales de fútbol y rugbi. ¿Le han sido sustraídas sus manifestaciones u opiniones? No. Siguen proyectándose y pronunciándose con absoluta libertad. Es más, que no le toquen los cojones, porque se apiñan y son capaces de derrotar a quienes osen faltar al honor de sus emblemas patrióticos, entre ellos, la Reina, por mucha ginebra que la mujer beba. Nadie es perfecto.

            Aquí seguimos silbando al himno, ultrajando la bandera, quemando fotografías de reyes y pisoteando la dignidad de los contrarios. Todos contra todos no vaya a ser que la unidad nos haga mejores y más grandes. Aquí solo ondeamos banderas y gritamos el nombre de España cuando una selección gana un mundial o un piloto de coches se sube a un pódium. Seguimos avanzando hacia el precipicio y adentrándonos, cada vez más, en las profundidades del atraso. Una pena. Aquí nace un heredero y lo más relevante es que salga en la portada del Hola.

sábado, 20 de julio de 2013

Gritos y silencios

Es increíble lo que está sucediendo en este país, en esta España nuestra, cuyos gobernantes y políticos no dejan de sorprendernos. Con lo que están pasando los humildes y más sencillos ciudadanos, los que unos denominan de ciudadanía de base y otros llaman afectados por la crisis, que parece que surgió por generación espontanea pues nadie, absolutamente nadie de los culpables, la reconocen como suya y de sus propios errores, y aquí los balones pasan por encima de todos sin que nadie, ni ninguna causa judicial, sea capaz de bajarlos, rasarlos por el césped y ponga orden en el juego.
Aquí no hay más culpables que los ciudadanos que al final son los que pagan y consiguen poner a flote al país con sus esfuerzos, con su propia sangre, con la entrega de sus vidas. La hacienda pública, la nacional y la autónoma, no hacen más que exprimirlos. Se permiten las subidas de los productos de primera necesidad. Sube la luz, el agua, el gas y las telecomunicaciones, por mucho que nos intenten engañar con ofertas que casi nunca se realizan en la realidad. El abastecimiento diario es cada vez más escaso. Las familias se desestabilizan cuando merman los fundamentos económicos, si éstas no están unidas con otros tipos de vínculos emocionales.
En el parlamento andaluz se debate la propuesta del Partido Popular para depurar responsabilidades políticas con el caso del fraude de los ERE y se pide la comparecencia del presidente José Antonio Griñan para que explique este desvalijamiento al dinero público –que mucho me temo va a quedar pendiendo del hilo de la impunidad- que debiera servir para solventar el futuro de quien ha trabajado durante toda su vida; en parlamento nacional se pide la comparecencia del presidente del estado, Mariano Rajoy, por parte de la oposición socialista y sus adláteres, para que dé razones de su inocencia en el caso Bárcenas, o que reconozca su implicación en este supuesto caso de financiación ilícita de su partido y los beneficios obtenidos por algunos de sus correligionarios. En Andalucía, los partidarios del partido popular demandando explicaciones a sus oponentes políticos; en el parlamento de la nación, son los socialistas los que se alzan en armas y rasgan sus vestiduras ante los desmanes de los populares. En ninguno de los dos sitios, se dignan a dar explicaciones, en ofrecer una versión que favorezca la paz social, que tranquilice los exaltados ánimos que comienzan a inundar las calles.
Ninguno de los principales responsables políticos se ha dignado a ofrecer una explicación que los legitime en el valor de la verdad, que abra una puerta a la esperanza de un nuevo futuro limpio. Ya es era que se cumplan los principios bonancibles de la política. La figurada honestidad de mucha gente está en juego. Por estos hechos no particularizan ni hace excepciones sino que propician la generalización. Tanto es así que hay una multinacional de bebida refrescante intentando homogeneizar la inocencia y la buena voluntad de todos los políticos. ¡La concepción que tendrá esta sociedad de quienes la gobiernan!
El otro día durante el desayuno, acodado en la barra del bar, un viejo se lamentaba de la poca iniciativa de lucha obrera de esta nueva generación que se preocupa más por mantener su imagen física, de obtener bienes materiales fútiles y banales y procurar momentos de efímera felicidad que de procurar el asentamiento de los valores, de la igualdad y de instauración de una sociedad donde la libertad no fuera la obtención de una bolsa de monedas para dilapidarla en un fin de semana de lujuria y desenfreno. Un joven se volvió y con cierta ironía le contestó, ¿para qué? Para ver cómo cinco sinvergüenzas se llevan los dineros y no pasa nada y mi hermano, por robar cincuenta euros lleva tres años en la cárcel.

En Andalucía se han llevado cientos de millones destinados a los ERES. En Madrid debaten si el Partido Popular se ha financiado ilegalmente. En Sevilla y en la capital se guarda un escrupuloso silencio. Todo es un paripé, no vaya a ser que unos y otros acaben en la cárcel y se terminen las mamelas. Silencio, mucho silencio. Los gritos se concentran en los salones de las familias de los cinco millones de parados. 

martes, 16 de julio de 2013

Se vende Cristo

Todo lo que sube baja. Es una ley física que no tiene contra respuesta posible. La ley de la gravedad, desde que Newton la proclamara, es inamovible, irreversible. Como lo son la naturalidad y la esencia de las cosas. Una piedra, lo que de niños describíamos como un china, es una piedra aquí, en Pernambuco o la Conchinchina. No hay otra.
            Hace algunos años, casi tres décadas ya, al hilo del tirón, relumbre y renacimiento de la fiesta religiosa más importante de la ciudad, se crearon unas asociaciones que giraban en torno a las esencias y verdades de la Semana Santa de Sevilla. La institucionalización de algo tan natural como eran las tertulias, en las trastiendas de los antiguos comercios de ultramarinos, en los colmados con aromas a especias y a embutidos, a aceite a granel y legumbres expuestas en sacos, vino a configurar un nuevo panorama en la vida social sevillana. La naturalidad de los encuentros, nunca forzados, sin necesidad de levantar actas sobre lo que se hablaba, sin más solemnidad que la que promovía la amistad y la camaradería, en torno a una botella de vino y un papelón con rodajas de chorizos, salchichón o chicharrones de Roig, se vio suplido, de la noche a la mañana, por unas instituciones nuevas, con formalidad estatutaria, con regímenes focalizados en la imposición de la tradición, menos escrupulosa como norma.
            Aquellas primeras asociaciones sirvieron, al menos, para revocar y asegurar la permanencia de la fiesta secularizada, en los más remotos lugares de la ciudad, en aquellos espacios donde las hermandades y cofradías no llegaban, donde vivían sus hermanos y devotos. Cumplían una función.  De todas aquellas, que nacieron en estas circunstancias, con naturalidad y sencillez, apenas quedan hoy algunos vestigios. La vorágine tertuliana de las medianías, de la década de los ochenta, se ha resuelto con la depuración esencial y natural. Hoy quedan apenas cinco o seis de aquéllas y mantienen su idiosincrasia y sus fines. Sabían lo que hacían y, aún hoy, continúan sabiéndolo. Se limitan a la magnificencia y la sacralización de sus sentimientos. Han depurado, eso sí, sus comportamientos y placen en el bienestar de la amistad de sus integrantes. Siguen reuniéndose para hablar de Semana Santa, para recordar los mejores momentos de los días grandes de la ciudad. Disfrutan con ello y guardan la certeza de la verdad de la fiesta religiosa. Continúan viviendo, enttre tanto despropósito, porque no han tergiversado sus principios fundacionales, porque han traicionado a la memoria y al sentido común, porque sus comportamientos se sitúan en la claridad de sus intenciones. No han traspasado la línea que han llevado a otras despeñamiento y a la desmembración.
            Hubo otras que quisieron transgredir las lindes. Acaparar el protagonismo que se les negaba en las hermandades y cofradías, porque en éstas fueron descubiertos o simplemente, sus aspiraciones no cumplían el requisito del servicio, de la entrega anónima que es lo que las hace grandes, lo que ha propiciado su consumación y pervivencia durante siglos. Y algunos tomaron derroteros equivocados. Quisieron construir, en dos días, lo que tarda siglos en consumarse. Estos disidentes intentaron elevar a sagrado lo vulgar. Consiguieron adquirir imágenes de Cristo, de la Virgen, y las entronizaban en los salones de sus casas, o peor aun, buscaban un rincón en el garaje y allí, decían, rendían culto, cuando el propósito era bien distinto, y a buen entendedor pocas palabras bastan. Algunos llegaron incluso a formalizar procesiones, con más presencia policial a su alrededor que algunas hermandades con siglos de existencia, que sé de muchas que tienen que cortar el tráfico ellas mismas. Bandas de música que se prestaban, y se prestan a estos esperpentos, a estos despropósitos donde la presunción, la vanaglorio y hasta el pavonea campan a sus anchas; cortejos que ya quisieran algunas de Gloria y enseres prestados, atento al dato, por cofradías con sede en el barrio, y donde la única reserva espiritual que se realizaba era la de la notoriedad. Y hasta carteles de convocatorias donde se celebraba la estación penitencial, a la asociación cultural del barrio. ¡E izquierdos por delante a un símil de paso de palio! De aquellos lodos estos barros.
            Leo con estupor, y hasta con vergüenza, cómo se comercializa con una imagen que llegó a procesionar, cómo se anuncia en una revista de compra y ventas. ¿Era necesario este estraperlo sentimental? ¿Era preciso aquéllo para escarnio de quienes sienten y viven la fe en torno a las Imágenes Sagradas, de quiénes sí saben que la verdadera Esencia se encuentra depositado en el tabernáculo, en los sagrarios? Esta vulgarización de los sentimientos y la devoción tiene sus culpables que no midieron la dimensión de sus acciones. Una vez más la vanidad de los hombres intenta sobreponerse a las creencias y la devoción anclada en los siglos. Ignorantes que prefieren la presunción a la Verdad, que se humilla en los Sagrarios.




viernes, 5 de julio de 2013

Mal ejemplo, señor Valderas

La incompatibilidad de los cargos públicos no tiene nada que ver con la del funcionariado. Es algo que no se puede explicar, algo inaudito y hasta vergonzoso. Y eso es extensible a la moralidad y honorabilidad de sus señorías, que en la mayoría de las ocasiones justifican sus actuaciones con hechos tan inauditos como extraordinarios. Hace unos días asistíamos, deshechos en el asombro más sobrecogedor, a los gritos que proferían los indignados trabajadores de Mercasevilla, a los concejales del Partido Popular, que salían del edificio consistorial, deseando la muerte de los hijos de capitulares que rigen, con mayor o menor fortuna, no lo vamos a discutir ahora, los designios municipales. Desear la muerte ya es triste, una derivación emocional ante la impotencia o la desconsideración. Pero deseársela a los hijos es la manifestación más indigna con la atacar. Lo lamentable es que el hecho se produjo en presencia de la representación municipal de Izquierda Unida y no hicieron nada para detener o reprender esta inaceptable manifestación del más acérrimo odio.
Ahora salen a la luz acontecimientos que contradicen las manifestaciones y las proclamas populista que viene realizando el partido de la izquierda más retrógrada y anquilosada. Se han convertido una especie de adalid, venidos a menos, en la lucha contra los bancos, contra los desahucios y contra las injusticias que cometen con indefensos clientes. Especialmente favorecen las actuaciones para evitar los desahucios, con los que proceden las entidades financieras, contra quienes no pueden hacer frente a los pagos de los préstamos hipotecarios y que se han visto sorprendidos por los efectos de la crisis, aquellos cantos de sirenas que nos hicieron creer en la benevolencia de estos nuevos prestamistas y usureros. Pero la sorpresa viene dada por la noticia que aparece en los medios de comunicación, haciendo mención a la compra de una segunda vivienda por quien fuera coordinador de Izquierda Unida en Andalucía y presidente del parlamento andaluz, Diego Valderas, líder y principal autor de las intervenciones contra los bancos e instigador de la Ley andaluza para la paralización de los desahucios, en nuestra comunidad autónoma. Una transacción económica que no tendría ninguna trascendencia pues cualquier ciudadano está en su derecho y siempre que sus posibilidades se lo permitan, de adquirir una segunda vivienda como se referencia en este caso.
Sin embargo, el vicepresidente de la Junta, que entonces era presidente del Parlamento tras quince años como alcalde de Bollullos, no adquirió directamente la vivienda a su propietario, sino que lo hizo tras la correspondiente subasta judicial en un procedimiento seguido en el Juzgado de Primera Instancia número uno de Huelva. Las dos primeras pujas quedaron desiertas y a la tercera sólo concurrió El Monte como demandante, que se la quedó por un valor de cinco millones de pesetas como pago de la deuda que mantenía el propietario.
Según las certificaciones del Registro de la Propiedad de Almonte, Diego Valderas y su esposa se hicieron con aquel inmueble anexo al que ya poseían desde 1991 el 25 de mayo de 1995, un dato que corrobora la certificación del Catastro. Y en la transacción pagó 31.102,38 euros, cinco millones de pesetas, lo mismo que había abonado la caja en la citada subasta. Tres millones menos de los que le pedía su propio vecino, que tuvo que irse con su mujer y sus hijos a vivir a casa de sus suegros, donde sigue residiendo actualmente, y seguir pagando la deuda.

Mal ejemplo es éste, señor Valderas, cuando se intentan encabezar iniciativas para evitar las injusticias. Mal ejemplo éste de aprovecharse de las desventuras y miserias de sus vecinos. Para proferir y pedir justicia hay primero que dar ejemplo y usted no ha hecho lo que predica. Mal ejemplo señor Valderas.

viernes, 28 de junio de 2013

Otra vez la indignación y el espanto

No hay ni siquiera que pensarlo. No se puede ni se debe comer viendo el telediario, aunque ahora lo denominan noticias, magazine de información, como ya no hay diarios hablados, aquéllos solemnes partes que al menos no te revolvían el estómago o te quitaban el apetito por indignación o tristeza, y si sucedía esto último significaba que habría fallecido algún personaje de la tragicomedia española de las medianías del siglo o alguna tragedia natural. Desde luego no lo que vemos o nos informan hoy en día, que cuando no es el desvalijamiento de las arcas nacionales, por estos nuevos bucaneros que tienen la poquísima vergüenza de llamarse políticos, en claro detrimento de la honradez e integridad de la mayoría, es una cruenta masacre de un loco en una escuela o de un fanático religioso que se vuela por los aires llevándose por delante a decenas de inocentes.
Pero lo de ayer tiene que conmover, de una puñetera vez, a quienes son responsables de la situación de precariedad física, moral y espiritual por la que está atravesando este país, que a mí el resto del mundo me empieza a dar igual. ¿Hay algo peor, más triste, que tener que dejar a tus hijos porque no puedes darles de comer, porque no puedes las necesidades básicas para el aseo y la vestimenta? ¿Hay algo que pueda considerarse más infame? Claro que sí, hombre. La permisividad e impasividad de los promotores de estas situaciones que además no siquiera son capaces de buscar alternativas para que las familias no se desintegren por mor de la destrucción, si alguna vez existió, de la sociedad del bienestar que comenzaron a vendernos sin explicarnos que la prosperidad, la ventura y fortuna era su propio beneficio, que a los ciudadanos nos esperaban el auxilio social –sí, no utilizo esta denominación de manera arbitraria ni sin mala intención-, las casas de beneficencia y las colas en los comedores sociales, que por cierto, y aun a ser repetitivo y hasta cansino, todo estos estamentos, que están evitando revueltas y agitaciones callejeras, están regidos por la Iglesia o por sociedades anejas a ellas.
¿Qué sentiría este matrimonio cuando se despidieron de sus hijos? Estoy seguro que una tristeza enorme arrasaría su corazón, que un profundo dolor recorrería sus entrañas. ¿En qué lugar del averno habitan y placen estos politicuchos que miran para otro lado cuando suceden estas cosas? Lo mismo ni se enteran porque viven en sus particulares paraísos, en sus mundos hermosos y rosados ¿Serán capaces de mirar a los suyos sin sentir un atisbo de remordimientos? Cuando una sociedad es testigo de hecho como éste significa que algo comienza pudrirse en los escasos valores que guarda, que se está descomponiendo el germen principal y básico de la estructural emocional y que solo es capaz de mirar a sus adentros y deshacerse de cualquier signo de solidaridad.
Aquí como llegue un listo, enarbolando la demagogía, blandiendo proclamas populistas pero que aseguren, protejan y cubran las necesidades básicas, se queda con el cotarro. Primer paso para reimplantar y promover el fascismo más oscuro. No hay más que retrotraer páginas en el gran libro de la historia. A cualquiera de esta personas que se ven obligadas, incluso a dejar sus hijos, en estas nuevas esclusas que ahora denominan servicios sociales, le prometen pan, y si me apuran hasta circo, y hecha a los leones los idearios y hasta la libertad, y le importará tres pitos que la bandera lleve un águila, una cruz gamada o una hoz y un martillo. Lo que le hará feliz es poder ver crecer a sus hijos, sin escasez ni penurias, ofrecerle una educación digna y una formación humana que le haga sentir la dignidad que a veces nos hacen perder. Poder vivir tranquilamente. Estamos muy cerca del vacío y nadie le gusta despeñarse.
Yo, desde luego, procuraré no comer más viendo y escuchando los partes, qué me gusta esta acepción derivada para denominar los espacios de noticias televisivos o radiofónicos, porque me retrotrae a la infancia, cuando aún mi madre mesaba mi pelo y posaba sus labios en mi frente; echo de menos sus manos y sus risas y sus besos.

Es preferible conversar con tu familia sobre las incidencias de la jornada a que te vacíen el corazón con tanta tristeza o enerven tus sentimientos, solivianten tu alma y cojas la pica de la palabra y la razón y te tires a la calle en busca de justicia.

jueves, 27 de junio de 2013

La eternidad en una hora

           Es como si se empezara de nuevo. Cada mañana observo como se marcha, como encauza el camino que siempre es nuevo aunque cada centímetro de la calle reconozca su andar de tanto como lo ha cruzado. Vuelve a enfrentarse al destino, a recuperar la dignidad que la vida y los hombres se obstinan en querer arrancarle. Pasa junto a la cafetería y mira a través de las cristaleras a esos seres que son tan distinto a él, que leen la prensa, las noticias y acontecimientos que se le escapan, que tal vez sea mejor ignorar, mientras dan cuenta de un suculento desayuno, viviendo en la comodidad que las circunstancias de la vida le han arrebatado.
           Quienes se encuentran en la burbuja de lo que creen la sociedad del bienestar ni siquiera ven a este fantasma que deambula de acera en acera, buscando ahora las sombras como antes, apenas hace unos días, buscaba el amparo de los aleros y los balcones donde refugiarse de la lluvia y el frío, de la humedad que laceraba la fibra de su escasa musculatura corporal.
          A pesar del anuncio de su abandono físico, a pesar de los signos de descuidos inherentes, propios de su situación, que asoman a su fisonomía, procura mantener el aseo y la decencia corporal. Desaparece por la esquina con su jergón y el perrito bodeguero que le acompaña siempre y que es un apéndice más de sus piernas. Volverá al caer la tarde buscando el auxilio que la calle no puede proporcionarle. Hace unos meses fue apaleado por unos desaprensivos y pasó unos días en un hospital, donde vuelve cada día para pasar las horas de la siesta, huyendo de la calima vespertina y del rigor del sol, que deja la ciudad vacía y ausente de signos vitales. Llamará a la puerta. La mujer abrirá la ventanilla y sonreirá. Casi no cruzan palabras. Le entrega un bocadillo y la lata de refresco que servirá de cena. Aún se le saltan las lágrimas. Es un gesto que considera y al que otorga el valor que merece, desconociendo que en ese hogar también empieza a surgir la escasez. Pero es bueno compartir lo poco cuando lo poco es mucho. Asienta y da tranquilidad al alma. Es la forma de conseguir paz y aunar la solidaridad con la felicidad. Saltará la reja de la casa abandonada, se tenderá en el jergón y mirará las estrellas de estas noches de verano.
          Hoy ha vuelto a pasar como cada mañana, desandando el tiempo, dando los buenos días, recién peinado para iniciar este periplo por el olvido, un fantasma que deambula por las calles batallando con las horas que para él no tienen sesenta minutos sino sesenta eternidades.


miércoles, 26 de junio de 2013

Servir a las Hermandades o como ser friki y morir en el intento

Hay que empezar a poner pie en pared. Desde hace unos años viene significándose, de manera muy especial en un sector muy determinado de la sociedad, el otorgar más importancia a lo superficial que a lo intrínseco y profundo de la religiosidad popular. Pululan delante de los pasos, que no cangrejean siquiera, unos personajes que fantasean la realidad, desvirtuando el sentido y el origen de la devoción y la piedad. Tergiversan el verdadero significado de la oración y el recogimiento a las que debe guiarnos la contemplación de las imágenes en la calle. Les importa un carajo todo esto. Lo que verdaderamente sienten, a lo que verdaderamente dan valor es a la ostentación, a la pompa y suntuosidad de un arreglo floral, dotar de materiales nobles coronas y varales y pavonear de estos logros, y lanzar proclamas y verborreas más idóneas de un evento deportivo o musical, que de una procesión de raigambres cristianas.
            La formación es un hecho esencial en todos los órdenes de la vida. Con ella se adquieren valores, se alcanza la cota del respeto y hasta da presencia y significancia a la personalidad. Y hay mucha deficiencia en la formación y demasiadas redes sociales y de información, de mala información, cuando no es manipulada para la obtención intereses particulares. Hace unos años, un niño nos dijo, con toda la naturalidad del mundo, y parte de Oceanía, cuando le reprendíamos por su escaso interés por acudir al colegio, “para qué ir a las clases cuando en la tele me dicen y ponen todo lo que tengo que saber”. Desgraciadamente esta es la mentalidad que prima en un sector de los jóvenes que prefieren la facilidad en la consecución de bienes materiales, la comodidad de una existencia vacía y rutinaria, a la dificultad y trabajo que presenta la responsabilidad y el compromiso que se contrae cuando uno se proclama seguidor del pensamiento y obras de Cristo.
            Lo que se está viviendo, en algunas hermandades, es reflejo de las actuaciones y movimientos de ese sector de la sociedad que sobrevive en la superficialidad y que entronca con los comportamientos inauditos, que estamos padeciendo en los últimos años, motivados por la irreligiosidad que se poltrona en las cargos de responsabilidad y en las juntas de gobierno. Gente que no ve más que espectáculo donde debe primar la piedad, elevación y consideración de su propio ego donde debe elevarse la humildad y la entrega al servicio de la comunidad que les ha situado en estos lugares prominentes del gobierno de las cofradías. Son lobos con piel de cordero que prefieren inmolar el sentido religioso en beneficio de la diversión y la fiesta. Rodear todo de un falso esplendor para intentar revestirse de gloria ante la incultura que les rodea. Eso es lo que hay y mucho me temo que seguirá si no ponemos pié en pared.
            No es cuestión de volver al flagelo y al silicio, a descubrirnos las espaldas y fustigarnos hasta el desfallecimiento. Pero si habría que indagar en la condición y forma de vida de quienes pretenden acceder a los cargos de responsabilidad de las hermandades, pues deben dar ejemplo con sus conductas y sus actuaciones, ser portadores y divulgadores del mensaje de Cristo y no ir contra Él, que es lo parece o aparenta estar sucediendo.
            Los lamentables hechos, protagonizados por el prioste de la Hermandad del Juncal, son tan reprobables como lamentables. Pisotear un enser que porta la Santísima Virgen, bailar sobre ella y concluir con una frase que preconiza la mayor falta de respeto y consideración a los devotos y fieles de esa sagrada imagen, viene a confirmar la irrespetuosidad hacia los valores que sostienen a las hermandades y refrenda la necesidad de instalar filtros en las personas que quieren servir, ojo s-e-r-v-i-r no servirse, a la cofradía de sus amores. Éste insensato y bárbaro, que además vive de la producción de imágenes religiosas, debiera ser excluido de cualquier ámbito responsabilidad para toda la vida.
            Son estos frikis los que están ofreciendo una imagen irreal de la celebración y conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Elementos como éste que aplauden a las bandas, elevan a la condición de héroes a los costaleros y colocan las fastuosidades materiales por encima de la condición religiosa y piadosa de la Imágenes, son los que nos sobran y los que nos desacreditan ante los que nos atacan, los que dan motivos y razones a quienes nos posicionan en la marginalidad. ¿A ninguno de éstos frikis les gusta la playa, la temporada de ópera de Milán o los deportes de altos riesgos?