Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra
miércoles, 9 de mayo de 2012
¡Ay, que me vuelvo a caer!
Somos, casi con toda seguridad,
la ciudad del mundo donde sus ciudadanos tropiezan más en la misma piedra,
donde los varetazos y las rozaduras deben escocer menos. Siempre volvemos a
caer por más que nos avisen y señalen el camino, por más que nos esforcemos en
conducirnos por vericuetos llanos, siempre hay un rodar, nos levantamos, nos
sacudimos el polvo y emprendemos de nuevo el camino para empecinarnos en rodar
y rodar, como entonaba el mexicano Vicente Fernández en sus ranchera, y cuando
nos alzamos nos convertimos en reyes de la ilusión desgastada, para imbuirnos en
la desfasada realidad con la que nos premian nuestra torpe condición.
Uno
empieza a pensar si no es por nuestra torpeza innata, por esa impericia en la
premonición sobre las catástrofes y calamidades con las que nos dejamos abrumar,
pero lo cierto y verdad es que basta con unas palabras, alegrar el ceño y nos
ponemos como unas castañuelas. Ayer publicaban algunos medios, haciendo
referencia a la ocupación de los locales que se asientan en los troncos y
coronas de las setas de la Encarnación –una monstruosidad inadecuadamente
colocada, un diseño instalado en el peor de los lugares-, que a principios de
verano ya no quedará ninguno libre, que las empresas de restauración están
copando los metros cuadrados de sus espacios y dotan de una excelente vida a un
lugar que había decaído, en exceso, durante las últimas décadas. Una buena
noticia, porque con ella viene aparejada la creación de nuevos puestos de
trabajo, la revitalización comercial de la zona, tan denostada por otras
actuaciones mercantiles e intereses del mercado inmobiliario –ese Saturno que
comienza a devorar a sus propios hijos- de los gobiernos anteriores, y la
integración en la ciudadanía de una zona privilegiada. Y de pronto sonó el
despertador.
Los
resultados finales de esta inversión de la ciudad, que revertió en las bolsas de
empresas particulares, sobrepasan con creces el presupuesto inicial. El secreto
mejor guardado fue desenterrado ayer para exponerlo a la opinión pública, a los
humildes sevillanitos que no hacen más que pagar impuestos y tasas que se van
por el desagüe de la desvergüenza, por el sumidero de la depravación más
absoluta, y que no disimulan siquiera sus excesos, de los políticos que nos
mandan. 102.043.776 euros, Dios mío de mi alma y de mi corazón. ¡¡El doble de lo presupuestado en
el proyecto, que también es una curiosa cantidad!! Ni con la cantidad de
esclavos de las bíblicas películas de Cecil B. Demille se puede gastar ese dinero
en esa obra. ¿Pero han pensado ustedes las de cosas que se pueden hacer con ese
dinero? La de familias que verían resuelto el problema de sus desahucios, los
embargos, los créditos a los autónomos y pequeños empresarios, con los que
general más empleos. La magnitud del escándalo hubiera cercenado cabezas en
otras latitudes. Los responsables hubieran acabado en la trena. Pero aquí no. Aquí
hasta los jalean y les ríen estas gracias que acometen con el dinero de otros.
En esta ciudad, en este país, lisonjeamos a quienes utilizan nuestros impuestos
para acometer obras faraónicas, para construir engendros en los lugares menos
convenientes, en entornos donde más desentonan y enfundados en esta mentira de
la falsa modernidad y que nos venden como verdaderos prodigios de la
arquitectura actual. Una catetada como la pirámide de Keops, por utilizar un símil
mastodóntico, esto es lo que nos han implantado en el mismo centro histórico de
la ciudad, haciendo caso omiso a las protestas y consejos de quienes entienden
de urbanidad y urbanismo, de quienes incluso proponían su construcción en otro
lugar más acorde al diseño. Así nos va. Tropezando una y otra vez, destruyendo
lo mejor de nuestro pasado, derribando las señas de identidad de la ciudad y
destruyendo la memoria comercial.
Por eso
seguimos anclados en la incultura. Aquí es mejor elevar a la santidad a ineptos
con verborrea seudo demagógicas, vendiendo mentiras con falso modernismos y progresos
del siglo XVI, con aspiraciones megalómanas, que atender a la razón, aunque eso
suponga no salir de la pobreza y tener que sudar para comer. Más de cien
millones de euros para justificar cinco tabernas y el incremento del trasiego
por la zona. Una inversión que tardará muchas décadas en ver cumplidos los
objetivos de la misma. ¡Ay, que me vuelvo a caer!
martes, 8 de mayo de 2012
La efimeridad del tiempo y costalero macareno
Como en los sueños que vienen vencidos por la
ilusión, en los que se destierran las tristezas, en los que afloran los mejores
sentimientos y descubren que la mortandad de las horas es un mero trámite para
la adquisición de las venturas, como en las experiencias que resuelven los
misterios de la vida y nos descubren al amor y a la pasión, a la tristeza y al
llanto, desconsuelo o al amparo, a las ausencias y a las presencias, como en los
esplendores de los momentos sublimes de la existencia que nos advierten de la
belleza, la paternidad o la dulzura de un beso, así ha llegado, deslizándose
por los entresijos del tiempo, filtrando sus
cadencias, desperdigando los esfuerzos por los aleros de las madrugadas,
ese tiempo que remueve la magia y tergiversa los colores, adentrándose en el
alma por los estrechos pliegues donde se
amasan la voluntad y las emociones.
Sin sobresaltos, sin sorpresas, sin misterios, sin
necesidad de más reconocimientos que la propia alegría y la sabiduría de contención
de la euforia, porque a nadie concierne más que a ti y a los tuyos esta victoria al tiempo, este
triunfo de la alegría, esa vida nueva que convulsiona los cimientos de la nostalgia
y remueve la memoria, convertida en el azogue de un espejo donde te presentas
casi irreconocible, con aquella imagen que acaba de transgredir la pubertad
para solidificar el primer instante del hombre.
Llegó, querido amigo, el importante instante que
promueve y agita las afectividades. No le hemos dado valor a este tránsito
porque procede y vence en el amor, porque llega investido de la fuerza de la devoción,
de la atracción inmaterial y etérea que nos provoca la satisfacción sublime,
que nos eleva en la triste condición humana hasta límites donde florece la
divinidad, donde se acopian el orgullo y la vergüenza, la humildad y la
disciplina, el esfuerzo y la solidaridad, y nos procura la felicidad, aunque a
algunos se les escape este entronque de dicha procedente del trabajo.
Te ha vencido la trémula esencia que te fue impuesta,
la naturaleza heredada, la transmisión de una suerte que a muy pocos es dado
conocer. Te ha unido en la intemporalidad de esta misión que te encomendaron en
el mismo seno materno y que se te hace imposible deshacerte de él, que te ancla
al pasado y, extraña y nigrománticamente, te está proyectando siempre al
futuro.
No podemos desligarnos –y quiero recordar en esta
pluralidad gramatical a muchos, porque hemos sido parte de tu tiempo y tú parte
del nuestro- de lo que es inherente a nosotros mismos, no podemos luchar contra
esta materia que se va condensando, que va petrificando las raíces en lo más
íntimo del ser hasta conformar láminas de mármol donde inscribimos las mejores
leyendas, la de la amistad que surge, la del esfuerzo compartido, la de la
solidaridad suprema. Te han vencido las acuosas miradas que descubriste y
avivaron las brasa de tu orgullo cuando creías que las fuerzas te abandonaban y
no serías capaz de cumplir con aquel contrato que rubricaste, apenas unas horas
antes, el intercambio de miradas entre Quién es Dios redivivo en la Macarena.
No te dejes vencer por la pesadumbre ni por la
mentira del tiempo, alza la vista como los fieros guerreros que se crecen en la
adversidad, aquéllos que se encomendaban a Dios y Santa María para traspasar las fortificaciones que impedían
ver y propagar la verdad. Siempre nos queda esa impronta, esta huella que se
forja y se graba en el alma y nos hace distinto, nunca mejores. Pero no atenúes
jamás esta importancia que nos ha entallado en la sublime condición de ser
costalero de la Macarena. Porque durante un cuarto de siglo has ido marcando una
senda por la que caminan ya otros, has ido delimitando un espacio, sembrando
unos campos para que florezca ese mensaje de Esperanza que nos corresponde
transmitir y que llega siempre tras la humildad del Sentenciado.
lunes, 7 de mayo de 2012
El llanto del niño,el nuestro y la austeridad
El niño
comenzó a llorar estrepitosamente, como si las penas le hubieran carcomido sus
entrañas. Desconsolado miraba a la madre, que lo asía de la mano y le mantenía
enhiesto. De no ser por aquel soporte maternal se hubiera desplomado al suelo.
Tal era su tristeza. Una pena en la mente de un niño es un drama griego y
adquiere una magnitud insospechada cualquier eventualidad por nimia que pueda
parecer a quienes perdieron la inocencia conforme los años han ido arañándoles
el alma.
No pudo asimilar la enfática
aseveración de la madre. Tal vez, cuando pasaron ante aquel hombre que les
había tendido la mano solicitando un óbolo, medio avergonzado pero vencido por
la urgente necesidad y la precariedad de su penuria, acuciado por el hambre que
vociferaba aquel cartel lleno de faltas de ortografías, no debió haber
realizado aquel comentario por el que obtuvo la vil respuesta de la madre. O
tal vez fue la infantil ocurrencia, la extrañeza ante una situación que le era
ajena, quiso mostrar su incipiente misericordia ante aquella imagen del
desastre. Mira mamá, un pobre. Y la madre, que acostumbrada a soportar la carga
de una realidad que comenzaba a mostrársele oscura en el horizonte de su propia
vida, de los esfuerzos por regularizar la cotidianidad de la familia, de
recortar por aquí y de estirar por allí para poder engañar a la pesadumbre, no
tuvo otra que responder al pequeño con aquella contundencia. ¡Nosotros sí que
somos pobres! Y el universo se desplomó sobre él. ¿Cuál sería su destino si la
situación era tan fatídica? ¿Qué sería de sus más preciados juguetes? ¿Acabaría
harapiento, tiñoso y tendiendo la mano en cualquier esquina de a ciudad, como
el pobre por el que se había conmovido, en su primer advenimiento de
misericordia? Su inconsolable llantina provoco un gesto de fraterna hilaridad
en la concurrencia. Ya no surtían ningún efecto las palabras de cariño de la
madre, ni las bondadosas explicaciones que eximían del yugo de la pobreza, de
sucumbir al extrarradio de la personal situación donde la indigencia se
manifiesta de manera extraordinaria.
Observando al pobre niño y al hombre
pobre que frente a él continuaba ofertando su penuria y avergonzado aún más por
la esperpéntica situación de la que era espectador y protagonista al mismo
tiempo, han retumbado las palabras que pronunció, en su primera intervención,
tras obtener la mayoría en las elecciones a la presidencia francesa, en la que
acierta y proyecta la verdadera imagen de la sociedad actual, de los desmanes económicos
que han propiciado el desastre de las bases sociales hasta situar, a muchísimas
familias, en el umbral de la pobreza. “La austeridad no puede ser una fatalidad”.
Tarde nos estamos dando cuenta de la
situación ficticia en la que hemos vivido, en la irrealidad en la que nos
situamos intentado suplantar la condición natural de cada uno. Vivir por encima
de las posibilidades, auspiciados y empujados a esta situación por los propios
gobernantes que se jactaban y presumían de haber conseguido el paradisiaco
estado del bienestar, ha llevado a una gran parte de la ciudadanía a
experimentar estados que no son precisamente de bienestar.
Tal vez tengamos que recuperar la austeridad,
regular nuestros comportamientos económicos y adecuar los gastos a nuestras
verdaderas necesidades, y como el primer mandatario electo francés, dignificarla
para que no se transforme en fatalidad. De no ser así, no habrá espacios ni
esquinas libres en nuestra querida ciudad para postrarnos de rodillas, con el
cartelito repleto de faltas de ortografía, como si el analfabetismo conmoviera
más y removiera conciencias con mejor efectividad, y solicitar el óbolo que nos
permita comer y mantener un lugar donde reposar.
Las lágrimas del niño, ahora
inocentes porque son distinguen la verdadera realidad del la ficción, se pueden
enjugar haciéndoles ver que ser humildes y pobres no es una fatalidad, que la
dignidad no se obtiene por acaparar más sustancias materiales, la mayoría banas
y casi sin utilidad pedagógica, sino con el entendimiento y la razón de saber
organizar nuestras necesidades y hasta donde nos es permitido llegar con los
ingresos de cada uno. O cambiamos nuestros hábitos o terminaremos llorando como el pobre niño que no quiere ser pobre.
viernes, 4 de mayo de 2012
Antonio Santiago, Capataz de la Esperanza
Es su vigorosa presencia, figura que emerge entre la
multitud, si es que ésta es capaz de apartar la visión de la tez que muestra el
verdadero rostro de Dios, que se presenta en forma de Mujer, al frente del
paso, ordenando con el corazón porque la voz ha quedado secuestrada en el alma por
los rancios bandoleros que cabalgan sobre las emociones que prenden del
corazón. Es imposible, dijo vez, ordenar sin que se quiebre la voz cuando la
mirada se pierde por el canal cerúleo que lleva al mismo cielo, allí donde
quedan establecidos sus ojos. Por eso se recuesta en el perfil de la manigueta
cuando los cuatro zancos posan sobre el suelo que se convierte en universo con
sólo esta pose, por eso huye de la mirada que lo escruta todo y todo lo ve,
porque está seguro que será vencido por su corazón si acaso se asoma al pretil por
donde aflora la imperturbable, serena, dolorida y alegre presencia de la Madre
de Dios.
No esconde su satisfacción, que procura no confundir
con la arrogancia hiriente ni la prepotencia, porque se siente escogido, porque
sabe que esta concesión celestial procede de una virtud gloriosa, adquirida por
la gracia heredada, por la transmisión consanguínea de quién fuera padre, tutor
y exigente profesor. Es custodio de este legado de sabiduría que recorría el
pequeño cuerpo que retenía el más grande corazón. Es celoso guardián de bien y
la dicha, carcelero de palabras que se sujetan con alfileres de oro en la
memoria de muchos y en el recuerdo del aire de una mañana de viernes santo
cuando la responsabilidad de llevar al Dios de los Macarenos por las angosturas
de la calle Fería, cuando era sólo un niño.
Es la voz que entroniza el arte y la sensibilidad de
quiénes tienen la suerte de haber sido elegidos para Portarla, para caminar
sobre los límpidos cielos en los que habita esta Mujer que es dueña universal
de la devoción que proclaman e irradian sus ojos, de esa Mujer que altera los
pulsos conforme tiembla las esmeraldas que luce en su pecherín, cuando abandona
su casa y traspasa los límites de la muralla para derramar sus gracias, para
expandir los dones que todos buscan y ansían.
Es la voz que clama a las alturas para el recuerdo
de los que no están, de los que sufren, de los que anclan sus vidas en las
miserias humanas, de las personas mayores que se asoman a las ventanas y
conversan con la Virgen, de los que olvidan al padre y a la madre que les dieron
la vida y que sólo esperan ese beso de cariño que les hará recuperar la alegría
de su infancia. Es la voz que ordena y manda para que la Virgen pase y vaya
prendiendo en las almas de los que La esperan horas y horas, de los que
soportan el tránsito de la madrugada arrobados al anhelo de adivinarle la cara,
entre las velas y flores que la guardan.
Es la voz y la mirada conjuntadas en la gracia
concedida, en la experiencia que vence, que termina, que concluye apenas alza
el dragón de plata, que espera ver atravesado su corazón por la lanza del
arcángel, lo sostiene en ese limbo intemporal, apenas unas palabras que brotan
del surtidor de su alma, y lo deja caer para que se eleve al cielo de la
Macarena la Reina de nuestras vidas, La que dio luz al mundo cuando la sombras
reinaban.
Es la voz que infringe el mando para que paso
traspase los espacios imposibles, para que navegue esta nave sorteando las
escuadras que se fijan en el aire, que se estrechan y constriñen para asomarse
al perfil de su rostro. Es Antonio Santiago, capataz de la Esperanza.
jueves, 3 de mayo de 2012
El gol de Beñat y Sánchez Gordillo
No,
no voy a hablar del Betis, ¡óle, óle mi Beti güeno!, aunque ganas no me faltan.
Y no es porque ayer ganara al eterno rival –que también, para que vamos a ser
hipócritas-, victoria a la que cualquier bético aspira siempre por encima de
otra, como creo que también la desean los rivales cuando se enfrentan a
nosotros, sino porque yace en su espíritu un deseo de superación constante, un
caos emocional que traspasa el nivel del entendimiento humano y se asienta en la
locura de la alegría, en el trastorno de los sentimientos, hasta provocar un
éxtasis que enseguida se nivela con una dosis de realidad, administrada normal
e intravenosamente, al domingo siguiente, en el que seguiremos murmurando, con
un deje nostálgico, ¡óle, óle mi Beti güeno!
Ayer se comprobó la veracidad sobre
la continuidad política en la dirección de los órganos ejecutivos de la Junta
de Andalucía, en el panfletario discurso del futuro presidente, que es también
pasado y para ser que será eterno. Un hecho que ya suponíamos iba a
concretarse, gracias al extraño maridaje entre dos formaciones que han guardado
sus reticencias y divergencias hasta el final, especialmente el sector más
crítico que lidera el jornalero que mejor vive del mundo, este ser anacrónico,
desfasado en sus conceptos sociales y cuya evolución intelectual se detuvo el
mismo día que embalsamaron a Lenin. Sánchez Gordillo se enfrenta a la dirección
política de esta cooperativa electoralista que dicen que forman partidos de la
izquierda más recalcitrante, manifestando que sus idearios no van a poder
concretarse por el carácter social democrático del otro partido y votará en
contra de la investidura de don José Antonio Griñán como presidente de la Junta
de Andalucía.
Esta alianza afianza en el poder a
quienes durante treinta años han servido los interese de sus correligionarios,
especialmente en zona rurales, donde se han invertido cantidades ingente del
fondo presupuestario para sostener el entramado financiero del partido. No
entiendo, por ello la actitud beligerante de Sánchez Gordillo, porque seguirán
inyectando euros para mantener sus expectativas de poder, su posición de
privilegio con el PER y otros proyectos decimonónicos, arbitrarios y antiguos
pero que garantizan el número de votos para continuar ostentando el poder y la
gloria. Más me parece una nueva artimaña para asegurarse la opinión pública
cuando sea necesario. “Si ya lo decía yo”.
Pero ere de esperar. Perdón, he
querido decir, era de esperar. Aquí todo el mundo tiene su precio y parece ser,
el tiempo nos lo confirmará o desmentirá, que coordinador general de IU, Diego Valderas,
será nombrado vicepresidente y su formación política tendrá poderes plenos y potenciarios
en las consejerías de Gobernación, Turismo y Fomento, tres secciones donde se
cuecen las habas y mejor se manejan sus presupuestos. Y todo esto ante la
atenta mirada del partido que ha ganado las elecciones, la fuerza política
mayoritariamente más votada. Y pregunto yo, ¿en qué país del mundo se atienden
a estas coaliciones y se deja en entredicho la voluntad del pueblo? ¿En qué
lugar del orbe se pone en entredicho los valores democráticos, que según la Constitución,
manan del pueblo? ¿Dónde se permite que implicados en supuestas tramas financieras,
que han permitido. Asentido o simplemente han mirado hacia otro lado, sigan
gobernando a quienes no le quieren? Vayamos más allá. ¿Es posible que nadie se
levante ante las mentiras con las que proyectan nuestros futuros? Pues parece
ser que no.
Uno comienza el día desayunándose
estas noticias, discurre y medita sobre ellas, y se le va agriando el carácter.
Por eso hoy, con muy buen criterio, todos los periódicos locales han plasmado
en sus primeras páginas la noticia sobre la victoria de Real Betis. Han llenado
de verde y blanco sus fachadas informativas y los gestos eufóricos de los
jugadores son un bálsamo para las yagas y quebrantos que estos desalmados
políticos están infringiendo a la enseña de la patria andaluza, donde los
jirones ya apenas la dejan ondear en esos campos de sueños y libertad que nos
arrebatado.
miércoles, 2 de mayo de 2012
Nuria Barrera y la basílica del Cachorro
En la pasada cuaresma, y dentro de
los cultos que celebra la Hermandad del Cachorro a sus Sagrados Titulares, el
Arzobispo de la Diócesis de Sevilla, D. Juan José Asenjo Pelegrina, hacía
público la elevación a la dignidad basilical del Templo que acoge la soberbia
imagen de Ruiz Gijón. La alegría entre los devotos del Cristo que va pregonando
la grandeza de la vida, que va narrando la voluptuosidad de la existencia
humana trazando renglones en el aire de Triana con ese último aliento que nos
hace contener la respiración cuando Lo vemos por Sevilla en la tarde del
Viernes Santo, fue inconmensurable. El motivo lo merecía.
Sospecho que de inmediato, la Junta
de Gobierno comenzaría a elucubrar sobre el programa de actos que culminarán
con la bendición de la consagración del Templo como Basílica el próximo día
tres de junio, con el fin de proyectar esa inmensa alegría al resto de la
ciudad, al resto del mundo. Una explosión de satisfacción que debe ser
anunciada, con volteos de bronces, al ritmo de martillo y fragua, martinetes
que esparcirán por los cielos sevillanos la gran dicha de la gente del
Turruñuelo. ¡Qué grande ser y pertenecer a la estirpe de este Hombre que siente
cómo el aire del mundo, todo el poder del universo, es incapaz de contener la alegría
por el amor que le profesan! Por ello van buscando lo mejor para la
celebración. Y pensaron en transmitir sus sentimientos por medio de un cartel,
a través de la pintura, del arte que brota del alma de una sevillana, de una
mujer que es sensibilidad, armonía y belleza en sus conceptos artísticos. Y
apostaron a caballo ganador, a la seguridad que confiere saber que cuanto salga
de su alma servirá para el bello propósito, que florezca en el jardín de su
prolífica mente fortificará el asentamiento del mensaje, que a nadie dejará
descontento cuando se desprenda el telón y aparezca la obra. Porque Nuria
Barrera ya ha dado sobradas muestras de su arte, del concepto que tiene y
mantiene sobre la expresividad, de trasladar al lienzo sus magnificas
composiciones, imágenes que nacen en la profundidad del alma y las eleva a la
condición de sublime belleza.
Toda la tradición pictórica de los
grandes creadores sevillanos se confabulan con su profesionalidad, con la
meticulosa laboriosidad con la que va creando, con la va perfilando matices que
saltan a la vista. En sus obras se conjugan la luminosidad y la excelencia, la
realidad con el misticismo, hasta llegar a conformar unos entramados pictóricos,
racimos de luz que van destilando sensibilidad, que acorralan sombras para
extraerlas y conformar situaciones paisajísticas en las que se puede
experimentar el caminar de la gente que frecuenta la plaza del Salvador, la
alegría que trasportan unas mujeres vestidas de flamenca paseando por el Real o
una algarabía de espejadas corazas que se rebelan a la Sentencia que dan al
Señor por la Macarena.
Nuria es una pintora excepcional. Pero es también
una magnífica persona incapaz de negarle una sonrisa a nadie, que comparte con
todos, y con una sencillez extraordinaria, sus proyectos e ilusiones. Su
personalidad conmueve porque exhuma humanidad, porque exporta sevillanía allá
donde va.
Quienes nos preciamos de su amistad sabemos que este
proyecto no la llenará de vanagloria, como suele suceder con las personas
mediocres, y sí sentirá la orgullosa alegría por haber sido designada para concebir
una nueva obra en la que se magnifique un acontecimiento de la importancia que
refiere, porque estoy seguro que sobre el lienzo estallará la emoción que suele
transmitir, la sensibilidad que rebosa cuando toma los pinceles y traza las
ilusiones que se conciben en su mente, en ese caudal de sensaciones que llegan
a raudales desde el alma y que dirigirán sus manos hasta el acerto en los tonos
cromáticos, en la perfecta gradación de sus colores y conformar el pregón que habrá de recorrer
todos los rincones de la ciudad, a modo de volteos y bronces de campanas que
vayan perforando el aire, para dejar fidedigna constancia de que Triana tiene
ya su basílica.
lunes, 30 de abril de 2012
Luz, queremos luz
Si no llega a ser por la amortiguada
caída de la tarde, por los resplandores vespertinos que se colaban por apertura
del patio de mi casa y que llenaban de mortecina luz el pequeño salón, me hubiera
juramentado, litigiado con el más gallo del corral, que nos encontrábamos en los
albores del otoño. La temperatura invitaba a acomodarse en la mesa camilla,
tomar un libro y placer, medio amodorrado, con la exacerbante lectura. Todo se
asemejaba a los preludios de la festividad de los Santos, del día de difuntos,,
en vez de acercarnos a la festividad de la clase trabajadora, fastos que
celebraremos mañana Dios mediante, de la mejor forma que sabemos en esta tierra
noble, descansando para hacer causa de ella.
Nos están restando sensaciones.
Estas alteraciones meteorológicas nos están privando de situaciones
excepcionales que debiéramos poder disfrutar ya. Nos falta algo del calor que
viene a certificar la cadente felicidad por esta feria que se nos ha ido sin
que tuviéramos constancia fehaciente de su paso por nuestras almas. Ha
desangelado el ambiente, contraído y menguado por esta lacerante crisis
económica que nos está desquiciando, motivando imágenes en el Real propias de
décadas pasadas. Nos está cercenando la primavera este anuncio de fríos
inexplicables y lluvias inútiles, pues a nadie están beneficiando. Pero la
naturaleza es poderosa e inaccesible –menos mal- para la condición humana.
Cualquier lucha es baldía y no sólo nos queda la súplica providencial, en el
mejor de los casos.
La tarde de ayer trajo recuerdos a
infancia dormida, a niños que sesteaban en los pupitres, como don Antonio
Machado dibujó tan acertadamente en su poema, mientras la voz cansina del
profesor merodeaba los oídos de los infantes y que no llegaba a profundizar en
el poso de sapiencia. Ni siquiera llegaron los aromas a tierra recién regada,
esa refrescante sensación que viene a mitigar los calores que secan los
terruños y las raíces, que ascienden por los muros de la memoria hasta centrarnos
en la concreción natural de los tiempos, que nos advierten de los cambios estacionales
y nos previenen de los fríos que están por llegar o del sofoco que nos empieza
a atosigar, porque ya estaban henchidos de agua los canales de la recuerdo.
Era tarde para reclinar el espíritu
en vez de comenzar a expandirlo en las luces nuevas de la mediada primavera, en
convocar a la alegría y manifestar la certeza de esta época que viene con la
retahíla melódica del mes de la Virgen -flores a Ella- y que con estas
destemplanzas, con estas desarmonías del clima, más bien parecen retarnos a
convocar oraciones de mármoles y estatuas donjuanescas, a remover la incipiente
tierra que provoca bucólicas sensaciones hasta adormecer la vitalidad.
Es hora de convocar luces, no de
añorarlas, de asaltar las defensas tras las que se acorazan los fríos y
repartir por el venero de las calles la jovialidad del ánimo, desprendernos de
la manifiesta y grisácea sensación gélida con la quiere adulterarnos el
pensamiento esta elongación invernal. Hemos de desasirnos de ella y convocar al
duende de la primavera. Como muy bien dice mi amigo, el escritor Carlos Colón, “cada
cosa a su tiempo. Pero quiero luz, mucha luz”.
Que los días comiencen a alargarse, Carlos, hasta que
se desprendan y repten por esas fachadas que tú y yo sabemos, que guardan tanta
gracia, tanta esperanza y tanto bien para el espíritu, por esas torres que
otean los grandes horizontes y que se coronan de bronces, y pronto anunciarán
la gran fiesta de Pentecostés, volteándose con el brío de la alegría de este
descubrimiento del aleluya proclamado, por esas cales que se tornan doradas y
se dejan abrasar por el sol en los mediodías de cantos corales de las cigarras,
enjaretadas en los lomos de arbustos y árboles.
Luz, necesitamos la luz cegadora que nos remueva el
espíritu, que nos centre la naturaleza que crece en el interior y que nos haga
añorar la templanza del otoño. Cada cosa en su tiempo, ¿verdad Carlos?
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